miércoles, 21 de mayo de 2014

7 principios básicos para trabajar la Educación Emocional

Se entiende por inteligencia emocional la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, así como la habilidad para manejarlos de manera equilibrada. El término “inteligencia emocional” fue popularizado por Daniel Goleman, creador del libro “Emotional Intelligence”.
Desde una perspectiva meramente educativa, la educación emocional se entiende como una forma de prevención consistente en intentar minimizar la vulnerabilidad a las perturbaciones emocionales o prevenir su ocurrencia, de tal modo que se maximicen todas las tendencias constructivas y se minimicen las destructivas.
Como experto en educación e inteligencia emocional, algunos compañeros me han pedido algunos consejos. Estos son los 7 principios básicos:

1. Escuchar a nuestros alumnos.
Muchos docentes piensan que cuanto más hablan más educan, convirtiendo la clase en un monólogo. Sin embargo, para poder educar también debemos escuchar a aquellos a los que educamos: conocer sus intereses, sus inquietudes, sus sueños, sus miedos, sus frustraciones.
2. Reforzar las virtudes.
En la mayoría de las ocasiones, los profesores llamamos la atención sobre los errores que cometen nuestros alumnos, pero pocas veces valoramos sus virtudes. La valoración de las virtudes o de las habilidades ayuda a minimizar las actitudes negativas.
3. Ser sinceros.
Si trabajamos las emociones en los demás primero debemos trabajarlas en nosotros mismos. En este sentido, es importante que seamos sinceros con nuestros alumnos sobre lo que decimos, porque los alumnos suelen descubrir las mentiras rápidamente, y con ello podemos perder toda nuestra credibilidad.
4. Ir directo al núcleo, no a la superficie.
Si aparecen conflictos en el centro educativo –ya sea en el aula o en el patio- debemos abordar el problema desde su núcleo. No basta con un castigo o con frases del tipo “no debemos pelearnos” o “todos somos amigos”. En la mayoría de las ocasiones, la ira, el enfado, la agresividad tienen una raíz más allá del simple conflicto puntual.
5. Comprender.
Criticamos lo que no comprendemos o lo que no compartimos. Sin embargo, nuestros alumnos no están en el aula para agradarnos ni para ser como nosotros, sino para desarrollarse tal como son. Por eso, debemos comprender que sus intereses sean diferentes a los nuestros, que sus mejores habilidades no sean las cognitivas, que piensen o sientan de un modo diferente a como nosotros sentimos o pensamos, y debemos generar un clima donde todos los alumnos comprendan y acepten esa diversidad.
6. Educar el fracaso.
Para alcanzar la meta del éxito primero hay que atravesar un largo camino de fracasos. La palabra “no” es una palabra que a lo largo de nuestras vidas tendremos que escuchar en multitud de ocasiones. “No” ante un trabajo, “no” ante un proyecto, “no” ante una cita. Por esa razón, los docentes debemos educar la tolerancia de nuestros alumnos a la frustración.
6. Buscar la auto-crítica.
La función del docente en la educación emocional no es juzgar, sino buscar que los alumnos desarrollen la reflexión y la auto-crítica para que ellos mismos juzguen sus actitudes y las de los demás de una manera objetiva. Los docentes debemos ofrecer a los alumnos las herramientas para que aprendan a usarlas, no usarlas en su lugar.



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