8 Tips para que tus alumnos amen -o al menos no odien- la lectura

Hace un par de días comentaba en un debate por las redes sociales que lo importante no es leer con 4 años, sino seguir leyendo con 40. Algunos padres (y algunos maestros) tienen una insana obsesión por adelantar la edad de comienzo de la lectura, y manifiestan como un logro que su hijo/alumno ha comenzado a leer con 3 o 4 años. Hasta donde se sabe, la lectura es un proceso que requiere de una madurez determinada, y cada uno tiene su
momento. Ni es bueno ni es malo que un niño comience a leer a los 4 años, siempre
y cuando sea de manera natural. El anticiparlo de manera inducida, sin embargo, puede ser más negativo que positivo.
Los datos hablan por sí solos; por regla general, los niños y adolescentes leen hasta que se les deja de obligar. Cuando la lectura ya no es obligatoria, la dejan. El número de adultos lectores en España es el de un país subdesarrollado. En este post voy a darte algunos consejos para que los niños amen la lectura. O, al menos, para que no la odien. Son consejos que he extraído no solo de mi experiencia docente, sino de mi experiencia como alumno que odiaba la lectura.
1. Respetar el ritmo individual: como no podía ser de otro modo, este es el primer tip. Cada persona tiene su momento, y ese momento es el importante. Podemos ponerle libros delante para que nuestro alumno los curiosee, para que los manosee; podemos leerle en voz alta un cuento; podemos leerle el cuento mientras él mira las ilustraciones; podemos incluso animarle a que nos acompañe en la lectura..., pero no podemos forzarle a leer de manera continuada.  
2. Respetar los gustos individuales: al igual que cada persona tiene su momento, también tiene su libro. O, dicho de otra manera; sus gustos. Lo importante a edades tempranas es que los niños comiencen a leer, no que lean un determinado libro elegido por el docente para una programación determinada. Deeben disponer en el aula de distintos tipos de libros, y poder acercarse a ellos libremente para mirarlos y elegir, igual que nosotros hacemos en las librerías. 
3. No asociar actividades a la lectura: sé que esto suena extraño. Como docente, sé que lo normal es intentar comprobar que el alumno ha leído el libro que dice que ha leído y saber a través de un folio con preguntas si eso es cierto o no, pero este tipo de actividades no hace otra cosa que convertir la lectura en una tarea más de aula más, no en una actividad de disfrute. 
4. Buscar lugares agradables: lo normal es que la lectura se realice en el mismo aula, en la misma mesa y en la misma silla. Si queremos que la lectura sea atractiva para los alumnos, que se convierta en una tarea para disfrutar, debemos leer en un entorno agradable. Para ello, debemos buscar nuevos lugares, como la biblioteca, en el patio bajo un árbol o incluso dentro del aula en el suelo o en colchonetas.
5. Hablar de libros: los niños hablan entre sí de los vídeojuegos que les gustan. Del mismo modo, hay que buscar momentos en el aula para hablar de los libros que nos gustan. Puede ser una actividad entretenida donde cada alumno, un día de la semana, nos cuente en público cuál es su libro favorito. 
6. Convertir la lectura en una actividad diaria: todos sabemos que los planes de lectura tal y como están establecidos por ley -con sus minutos dedicados a la lectura por sesión- no sirven realmente para nada. Es importante que para fomentar la lectura dediquemos un tiempo diario a ella. Si queremos garantizar que los niños lean, podemos establecer un tiempo diario para la lectura (si ,además, leen otro rato en casa, mejor que mejor)
7. No eternizar la lectura: uno de los peores errores que se comenten en el aula es dedicar un tiempo excesivo a la lectura. La lectura requiere una alta exigencia mental, y en los menores ese proceso complejo no debe exceder de un tiempo determinado. A veces, es preferible establecer un número de páginas mínimo diario que un tiempo concreto. Más vale garantizar veinte minutos de buena lectura que una hora fingiendo que se lee.
8. Que te vean leer: es importante que tanto si tus alumnos leen en alto en clase como si hacen lectura individual, te vean leyendo. No olvides que tú eres su mejor ejemplo.