Educación en la infancia: ¿vigilancia o autonomía?


Hace un año, estuve visitando un colegio en Alemania. El primer día de la visita me fui media hora antes para reunirme con el director y ponerme un poco al día de las actividades que íbamos a realizar. Después de hablar un rato en su despacho, el hombre me acompañó a dar una vuelta por el centro para que pudiese conocer las distintas aulas.
Mientras íbamos andando -y a pesar de que aún faltaban unos 10 minutos para la hora de entrada-, me fijé en que, a medida que iban llegando, los alumnos entraban al colegio y se metían dentro de sus aulas.
Cuando finalmente se hizo la hora de entrar, le pregunté al director si no tocaban un timbre o si no ponían música para la entrada. El hombre me miró fijamente y me dijo que no, que los alumnos ya sabían a qué hora tenían que entrar. “¿Los padres españoles no saben a qué hora entran sus hijos cada día al colegio?, me preguntó extrañado. Yo le contesté que sí, y el hombre me respondió que entonces no tenía ningún sentido poner un timbre para entrar a la hora. Le pregunté si los alumnos que llegaban un poco antes esperaban a los profesores en su aula, a lo que el hombre me respondió que sí, que no había ningún problema con eso.




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