La hipocresía de felicitar a los maestros

Sé qué este artículo va a ser controvertido, pero no hago más que recoger el sentir de muchos maestros. (Artículo publicado en Viceversa Magazine)
Durante estos días, con motivo del Día del maestro, han sido muchos los que han felicitado a los maestros y han reconocido su labor públicamente, tanto a través de las instituciones como en los diferentes medios de comunicación y redes sociales. Tal ha sido la locura que -como si de repente media población se hubiese tomado un bote entero de prozac en el desayuno- ha habido quien ha comparado a los maestros con una especie de multi profesional incombustible (psicólogo, animador, padre, vigilante, guía), con héroes que luchan incansablemente contra viento y marea, incluso con seres casi divinos con unas cualidades excepcionales. Y la verdad es que todo eso está muy bien, sobre todo porque luego, en el resto de los 364 días del año, contrasta con lo que muchos docentes perciben en el día a día, donde se califica a los maestros de vagos, con demasiadas vacaciones,
que no vigilan, que no atienden a los niños, que no están formados,  que no hacen nada o que, para lo que hacen, bastante cobran y que, ante lo que diga un hijo, no hay palabra de docente que valga. Basta con leer los titulares de algunos diarios para saber de lo que estoy hablando.
En este sentido, a parte de la sociedad en general, que suele desprestigiar a los maestros a la mínima oportunidad, incluso delante de sus propios hijos, mención especial merecen algunos medios de comunicación. Digo algunos medios de comunicación como digo algunos padres ya que, obviamente, no son todos, pero sí un número considerable. Pues bien, 

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